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Les derniers pêcheurs de Wakame de Matsue

Los últimos pescadores de Wakame de Matsue

Matsue, capital de la prefectura de Shimane, debía su reputación a sus pescadores de wakame, el más reputado de Japón, recolectado por cooperativas de pesca de wakame y pescadores independientes. Matsue contaba, hace 5 décadas, con más de 150 profesionales en activo.

En 2016, solo quedan un puñado de ellos, con una media de edad de 65 años. Deben su supervivencia a la proximidad de las montañas y de algunos terrenos cultivables que les aseguran unos magros ingresos de subsistencia durante todo el año. El mar se ha vuelto menos rentable, el wakame salvaje es más escaso. Han desarrollado el cultivo del wakame cerca de las costas para hacer la actividad menos penosa, pero esto no es suficiente para mantener a las generaciones jóvenes en el sector.

Descubriendo la pesca del wakame

Seguí a uno de ellos en el mar, de 90 años de edad, en su labor diaria.

Poco antes de nuestro encuentro, había sido hospitalizado a causa de una gripe fuerte. En cuanto recuperó algunas fuerzas, retomó su embarcación, volvió al mar y recuperó todas sus capacidades físicas.

Así descubrí el wakame de cultivo, repartido en concesiones de 9 hileras de 300 metros de cuerdas sembradas con wakame. Cada cuerda está separada 20 metros, sumergida, según el lugar, entre 1 m y 1,50 m de profundidad, y hasta varios metros para las situadas a poca distancia de la costa. Las cuerdas se siembran en noviembre y comienzan a recolectarse en primavera. Producen 200 kg al día durante 2 meses. La recolección comienza a finales de febrero y termina a finales de abril.

La degustación del wakame

Degustar las algas recién sacadas del mar es un momento de enorme placer: el ruido de las olas y del oleaje, la brisa marina que acaricia el rostro, y los sabores yodados a ostra al clavar los dientes en la raíz del wakame recién extraído.

Admiro el trabajo de este artesano pescador, su fe cotidiana y su pasión por ir a recolectar lo mejor para el placer de los gourmets.

¿Qué ocurrirá mañana cuando estos artesanos de ayer y de hoy hayan desaparecido? ¿Qué otra comida basura sucederá al deleite de productos auténticos y sanos?

Tengo la impresión de ser testigo de una época que no deseo ver extinguida.

Por ello sigo defendiendo y promoviendo el trabajo de estas personas que, como un sacerdocio, dedican su vida entera al placer de los demás y a compartir valores sólidos.